El plebeyo enamorado
Un rey andaba preocupado por el futuro de su hija. La princesa era sumamente hermosa e inteligente, sin embargo no deseaba casarse, ella aseguraba que no existía tan buen hombre como su padre, y hasta que no lo encontrase no se casaría.
El rey asumió el reto de encontrar a un joven con un corazón igual o mejor que el suyo. Así que mando un anuncio al pueblo y a los reinos vecinos: "Quien tenga 10 monedas de oro puede acercarse al palacio para pedir en matrimonio a la Princesa"
El pueblo entero admiraba la belleza de la princesa pero les parecía imposible esa cantidad de oro y nada les era seguro. Sin embargo, existía un joven pleyebeyo enamorado de ella, quien no dudó en comenzar a vender todo por conseguir esa cantidad de oro.
Llegó el día en que entraron todos los candidatos al palacio. En su mayoría gente de la realeza y nobleza, y entre todos esos grandes personajes de alta estirpe: un plebeyo, que apenas supo vestirse porque ya no le alcanzaba el dinero. Todos entraron por la misma puerta; una vez dentro el Rey se encargaba de entrevistar cada uno: "¿cuántas monedas de oro traes?" Preguntaba a cada candidato. Muchos de ellos tenían mucho más de lo que se pedía, pero el Rey no se mostraba satisfecho "¿eso vale mi princesa para ti?" Decía seguido de un silencio casi interminable; cada vez quedaban menos candidatos.
La princesa veía todo a escondidas.
Llegó el plebeyo, poco arreglado, y el Rey se sorprendió de verle.
-"¿Cuántas monedas de oro traes?"-Preguntó
- "Las 10 que pidió su majestad" -respondió el plebeyo enamorado.
-"¿eso vale mi princesa para ti?" - dijo el Rey muy severo.
- "Es todo lo que tengo mi Rey -dijo extendiendo sus manos con el dinero - vendí todo lo que poseía para poder estar aquí, sé que soy un simple plebeyo indigno de poder estar al lado de una bella princesa como lo es su hija, pero al menos deseo verla de cerca y guardar su imagen en mi mente. Estas monedas pueden ser poco comparado con toda la riqueza que su majestad posee, pero para mí representa todo lo que tengo. Sólo déjeme ver a la princesa una vez."
- No - dijo el Rey - Usa ese oro para vestirte lo mejor posible y ven mañana temprano a verla.
El plebeyo se emocionó y no esperó hasta mañana, apenas salió del palacio corrió a comprar las mejores ropas, iba a ver a la princesa y ella le vería.
Al día que siguió, el plebeyo se encontró al rey en la sala del trono: "Ahora te ves bien- le dijo - los demas candidatos trajeron muchas más monedas -hizo una pausa - pero tú diste todo lo que tenías por mi hija, mientras ellos dieron un poco de lo que tenían. Por eso tu corazón ha ganado a mi hija."
Entonces se abrieron las puertas y apareció la bella princesa, vestida de gala y le sonrió.

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