La Verdad

 ¿Por qué es tan difícil decir la verdad? 

Debería ser simple decir o expresar nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Hay tantas dudas y preguntas en mi cabeza en este instante, pero me da miedo decírselas. Es por la sorpresa de haber descubierto las espinas de una rosa.

Quiero describir mi mundo interno en este momento:

Un muy amplio terreno vacío, con una casita muy pequeña a lo lejos, entre la tierra seca y piedras nace un árbol pequeño. Yo, estoy de pie junto a ese pequeño árbol, su tronco es de madera muy clara y sus hojas son de un verde deslumbrante, el clima es tan frío que se siente hasta los huesos. Estos días los vientos se han vuelto agresivos, por lo que decidí apoyarme en aquel árbol a esperar ¿Qué cosa espero?

No lo sé, mentiría y el fin de este texto es no hacerlo. Los vientos han decidido bailar, tratan de alcanzarse uno al otro, y parece una danza sin final. Así han pasado varios días hasta que, sin darme cuenta, ya se ha vuelto un huracán. Uno muy grande y peligroso. Tengo miedo, porque estoy lejos de mi casa, es tan débil que dudo pueda resistir mucho. No quiero perder mi casa.

Me rendí y veo como este huracán va llevándose cada cosa de mi casa, como se va girando todo a mi alrededor. Queda mi árbol, quiero a mi árbol, no quiero perderlo. ¿Ya es tarde cierto? Abracé tanto a ese árbol que el huracán pasó hace mucho y solo me he quedado con un par de ramas entre mis brazos.

¿Quién necesita mentir a estas alturas? La vida seguirá, el huracán terminará en algún momento y tendré que decidir si reconstruir mi casita o recoger lo poco que queda y sirve, y buscar un nuevo hogar.

Sí, como quisiera contarle todo el caos en mi interior, pero cómo podría hacerlo. Ya no tengo claro si estaría bien o mal. Quisiera pedirle un abrazo, uno fuerte que pueda calmar mi caos, pero tiene miedo. ¿Yo doy miedo? Quisiera poder decirle que extraño conversar como antes, pero siento que él tiene miedo.

Quisiera decirle que deseo un abrazo, uno largo y en silencio, que quiero llorar mientras siento ese abrazo, pero él no lo hará, porque él ya no está.

No se si irme o quedarme, al final no quedará nada aquí. No se si estará en mi viaje de ida o si me acompañará a reconstruir en la nada. No sé si podré contarle mi vida o si solo se convierta en uno más de los fantasmas de la noche. Son tantas dudas que por todo el caos y las espinas temo decírselas. 

Yo le quiero, eso no puedo cambiarlo y tampoco quiero hacerlo. Pero qué puede hacer por mí el cariño cuando estoy perdiendo mi casa. Qué pueden hacer estas dudas sino más que alimentar al huracán. No quiero perderlo a él ni a nadie, pero no se cómo acelerar el paso de este huracán para saber qué hacer. Y no puedo resistir, no puedo hacerlo. No me siento tan fuerte para ver a mi casa siendo destruida, no quiero ver mis cosas tiradas o rotas otra vez, me costo tanto tener esa casa para ahora sentir que ya no quedará nada.

¿Y estarás ahí? O solo te vas a ir...

¿Por qué es tan difícil decir la verdad?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo jodido de AMAR

¿Has escuchado de la flor de loto?

¿Una taza de café?