¿Una taza de café?

 Tengo esta mala costumbre de escribir de madrugada o de noche muy avanzada, no sé por qué esta maña. Supongo que es porque vivo en un espacio muy pequeño y solo mientras todos duermen el silencio nace y la idea de "privacidad" aparece, aunque sea una simple y vana ilusión del verdadero concepto.

Pero son temas míos y en realidad no importa tanto. Me siento sola.

Hace aproximadamente dos semanas y unos días más me enteré que estaba embarazada, me costó unos días asimilarlo junto con mi expareja. 

Hace aproximadamente una semana que me enteré que había perdido a mi bebé. Es extraño cómo puedo sentir el dolor de la pérdida de alguien a quién nunca le veré el rostro, pero que llegué amar en poco tiempo. Es triste soltar, aceptar las situaciones de la vida, confiando en que en algún momento podré entenderlas al fin.

Si recurro a las letras es porque no logro encontrar paz fuera y este es el medio que tengo para conectarme conmigo misma.

¿Qué nos pasa? ¿Por qué seguimos inquietas?

El día martes tuve un gran avance de aceptación y liberación de Allistair. Reconocí que mi realidad no me gustaba, estaba viviendo un presente tan horrible y detestable que preferí inventarme uno nuevo para poder seguir:

Entonces me vi, en un cuarto de hospital Allistair había nacido. Envuelto en una mantita muy suave lo tenía entre mis brazos y lloraba de felicidad de verlo vivo. Su papá, que es una persona muy sensible ya tenía hasta lágrimas en los ojos mientras sonreía, este era un cuadro hermoso que lo repetí en mi mente un par de muchas veces. 

Luego fue creciendo, le vimos sus primero pasitos en la sala de nuestro hogar, ese que tanto su papá se esforzó en encontrar. Le dimos de comer sus comiditas aunque la verdad era muy inquieto cuando no le gustaba algo. No puedo olvidar las ropitas que le elegía, obviamente su madre tenía que esmerar siendo asesora de imagen de otros ¿Cómo no lo sería de su propia familia?

 Su papá y yo pudimos darle todo el amor que habíamos soñado darle. 

Su papá lo acompañaba al colegio como algún día soñó, invitábamos a sus amigos a que jueguen con él en la casa. Resultó ser un niño muy inquieto y con mucha energía, gracias a la idea de su papá de establecer un estilo de vida activo. No le fue difícil enfocar su energía en ejercitarse con nosotros o adoptar una dieta saludable. También su curiosidad despertó cuando veía a su papá trabajar o a su mamá crear. Me encantaba ver como sus ojos le brillaban con tantos colores o cuadros que veía en las pantallas.

Creció se hizo un joven adulto, estudió la carrera que más amaba y se dedicó a vivir la vida que él soñaba, entonces se independizó. Nuestro trabajo como padres había finalizado.

Ya lo tenía, visualicé que todo eso ya lo había vivido. Ya todo eso había pasado. 

¿Cómo te sientes ahora? Tuviste una familia, fuiste una buena madre. Diste y dieron lo mejor que pudieron. Dime entonces ¿ahora qué sigue?

¿Qué sigue? Pues los padres adultos suelen dedicarse tiempo a ellos como pareja, se van de viaje y disfrutan sus días juntos. Se disfrutan mutuamente, como diría su papá, se sienten plenos.

Si se preguntan, soy feliz con esa realidad ficticia, mi hijo puede estar en cualquier parte de este enorme universo, en el mundo físico o espiritual. En realidad da lo mismo, yo confío en que él estuvo conmigo el tiempo que debía estar y ahora desde donde esté cuando él desee volver a visitarme podrá hacerlo. El amor que se creó para él siempre existirá, no tengo porqué romper mi amor por él.

Es difícil repetirme esto todo el día, es muy grande hacerme un lavado de mente hasta que se quede muy grabado que mi hijo, su energía, seguirá existiendo. No de la forma en que yo hubiera querido, pero seguirá estando presente.

Ahora que acepté esta nueva realidad, este nuevo presente surge otro inconveniente: el qué sigue.

Me siento algo sola, mi hijo se fue sí, pero al parecer su papá también. En resumen, mi familia no existe.

Hago todo lo posible por evitar que los pensamientos de abandono, sin fundamento, lleguen a mi mente. Es una lucha casi constante, porque la indiferencia a veces tintinea. Soy fuerte e inteligente y sé que debo pararlo de alguna manera, sé también que no puedo invadirlo con prejuicios. Por ello la comunicación es mi única herramienta. 

Amo al papá de Allistair, quisiera estar a su lado dándonos apoyo mutuo. Pero por amor a mí, también puedo decidir amarlo pero de lejos y ya.

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